Dos presos fugitivos que, en Octubre del 2001, escapan de la cárcel de Lérida con un plan diseñado durante meses consiguen activar a todos los cuerpos de seguridad del estado y mantener alerta a la población. Los Mossos, un cuerpo policial recién creado, se ve cuestionado por el resto de instituciones que cuestionan su bisoñez. Las criticas arrecian cuando la fuga se complica, y el desgaste y la frustración, empiezan a minar a todos los implicados. En su exhaustiva investigación la policía va descubriendo la insólita relación que se crea entre Prieto, un criminal sin escrúpulos y Calatrava, un delincuente adicto, sensible e instruido, al que acaba protegiendo en la cárcel de los demás y hasta de sí mismo. Una fuga en la que nos adentramos en el juego de admiración y dependencias que se ha urdido entre ellos. Una relación tan intensa y pasional que provoca un desenlace inesperado.
Los fugitivos llevan toda la noche huyendo y están agotados, pero Prieto insiste en llegar a Porquerisses, una caseta de aperos de su familia en la que tienen provisiones escondidas. Pau, el jefe de Brigada, reúne a su equipo para coordinar la búsqueda de los huidos y el seguimiento de sus familiares. Gracias a la trabajadora social de prisión averigua, que los presos apuestan por el destino de los fugados, pero también que, Calatrava intentó suicidarse y que Prieto lo salvó; no solo de morir, sino también de las garras de Ortiz, un preso matón que lo acosaba. Los Mossos localizan la caseta de aperos donde encuentran el material detallado en las cartas y deciden vigilarla, convencidos de que vendrán a buscarlo.