Toño no le dice a Enora que la ha pillado en otra mentira, pero sí se lo confiesa a Manuel, que decide intervenir. Lope asume entusiasmado la preparación del banquete de la boda, aunque está molesto por la ausencia de represalias hacia Santos. Se enfrenta a él como nunca antes y Curro tiene que mediar. Adriano se siente en deuda con Martina por todo lo que le ha ayudado desde la marcha de Catalina. Por ello, deciden salir a cenar a Luján, dejando a los niños con María Fernández. Desafortunadamente, una inesperada tormenta estropea su plan y regresan al palacio calados por la lluvia. No están dispuestos a desaprovechar la noche y deciden improvisar una cena junto al fuego. La complicidad es tal que parece que va a suceder lo inevitable…