El niño Juan Rulfo tuvo también una ventaja a partir de esta desgracia que fue el hecho de que, en plena Guerra Cristera, el cura del lugar, precisamente en San Gabriel, Irineo Monroy, escapó de la persecución que estaban experimentando muchos curas.
Hay dos obras de literatura que de alguna manera definen el espíritu de México. Primero, diría Codex Florentino, Bernardino de Sahagún, que lo reunió con otros monjes y esta es una de las obras literarias a la que le tengo un profundo amor, respeto, estima. Y la segunda que define el espíritu de México es Pedro Páramo. Nada más, nada más, eso es todo.
¿Qué nos unía con Rulfo? Bueno, en primer lugar, la vida. Los viajes, por ejemplo. Aquí en este lugar, oí muchas veces a Don Juan diseñar un plan para hacer una revista juntos que se llamara MAPA. La revista MAPA debería de ser un verdadero compendio de los caminos de México. Él, gran viajero. Él, gran conductor de automóviles.
Lo importante de adaptar a Juan Rulfo no es tener los diálogos exactos del texto original de Juan Rulfo, sino sentir el texto de Juan Rulfo. Y una persona puede alejarse mucho del texto original y a la misma vez acercarse a lo que es el mundo rulfiano.
Natalia se metió entre los brazos de su madre y lloró largamente ahí con un llanto quedito. Era un llanto aguantado por muchos días, guardado hasta ahora que regresamos a Zenzontla y vio a su madre y comenzó a sentirse con ganas de consuelo.
Como tú sabes la infancia es una de las cosas que más permanecen en el hombre ¿no?. Si, las remembranzas de la infancia. Allí en la tierra estaba toda su vida, sesenta años de vivir sobre de ella, de encerrarla entre sus manos, de haberla probado como se prueba el sabor de la carne.
Aquí tienes un ejemplo: yo. Pero hay algo más. Al muchacho este del cuento que te estoy contando lo salvó la campana en aquella ocasión,. Se le murieron sus papás. Casi los dos al mismo tiempo. Y lo dejaron pobre. Eso fue lo que lo salvó.