Tras despertar con un guayabo monumental, Cosiaca usa su olfato para llegar a la finca de don Joaquín Estrada. Entre coqueteos con las cocineras y mentiras sobre su talento, convence al patrón de que es un trovador experto para ganarse el almuerzo.
¡La mentira se derrumba! En este Capítulo 2, el enfrentamiento más esperado llega a la finca: Cosiaca cara a cara contra Ñito Restrepo.
El peligroso Cachonegro roba el café de la finca y se lleva a Cosiaca por la fuerza. Usando su "lengua de plata", Cosiaca inventa el truco de "la encostalada" para engañar al bandido y guiarlo directo a las manos de la ley.
En medio de sus andanzas, Cosiaca se enreda en un romance con Jesusa, pero la aparición de Rocío (quien lo persigue sin descanso) complica todo. Además, le encomiendan una misión importantísima donde, como solo él lo sabe hacer, deberá usar su ingenio para salirse con las suyas.
Cosiaca debe llevar tabaco legal hasta Concepción, pero su pereza le juega en contra desde el inicio. En el camino se encuentra con las temidas brujas del pueblo y, tras un breve duelo de trovas con Ñito, intenta engañar a alguien para no cargar los bultos, armando otro de sus enredos.
Aturdido por el trago, Cosiaca sueña con el Tuerto García pidiéndole que saque su tesoro. Una gitana le lee la mano y le asegura un futuro de oro, dándole el empujón final para infiltrarse en el caserón abandonado.
Entre sombras y miedo, Cosiaca entra a buscar la guaca, pero se encuentra con un "espanto" que lo deja frío. Todo resulta ser una venganza policial que termina con el andariego en la cárcel reclamándole a su abogado.
Cosiaca sale de la cárcel mientras el pueblo vive aterrorizado por la supuesta aparición de La Patasola. Entre espantos en la iglesia y noches inquietas, Cosiaca intenta dormir en el corredor de su amor platónico, doña Francisca, sin notar que alguien anda robándole su tapetusa.
Cosiaca descubre que la Patasola es un invento de Florentina y Ramón para ocultar su fábrica de licor ilegal. Al mismo tiempo, se da cuenta de que el padre Jaramillo tiene un "guardado" con el trago y el amor.
Con el cura desmayado por el alcohol, Cosiaca toma su lugar y comienza a escuchar las verdades más oscuras de sus paisanos. Aprovecha para asegurar su comida diaria y descubrir dónde esconden la mejor tapetusa.
Al despertar, Cosiaca se convierte en la atracción del pueblo y finalmente logra que doña Francisca le abra la puerta. Este verriondo no estaba muerto, estaba era soñando con el futuro, una Medellín moderna, renovada y con mucho por explorar.