En esta prueba, los forjadores descubren una armadura que pronto se convertirá en chatarra. Su desafío es transformarla en una daga templaria. Inspirada en las armas de la Orden del Temple, creada en 1119, esta daga debe tener guarda en cruz, pomo pronunciado, doble filo y nervio central: un arma letal, precisa y digna de un verdadero maestro forjador