En un pequeño pueblo del norte mueren el profesor Ortega y su mujer en extrañas circunstancias. El padre Gael no tardará en asociarlo con un antiguo caso de exorcismo sin resolver.
Anastasia, una joven periodista, se unirá al padre Gael para investigar estas muertes. Sus pesquisas les llevan hasta el caserón de los Barros donde se ha instalado un viejo tratante de arte parisino que ha mostrado interés por un cuadro “sin valor” hallado en la casa del difunto profesor.
Anastasia y Gael visitan a Darío, un viejo alcohólico, que niega que su tatarabuelo Melquiades Lafuente practicase la brujería junto con el abuelo del profesor Ortega. Cuando Anastasia le pregunta sobre Necronomicón, Darío les echa de su casa.
Gael acude al socorro de la Señora Emilia, que jura haber visto al cadáver del profesor Ortega, a gatas, por el camino que lleva al cementerio. Media hora más tarde, Gael y Anastasia sorprenden al teniente Mateo borrando la estrella trazada en la arena junto a la tumba del profesor Ortega
Gael y Anastasia visitan a Ofelia Barros, una octogenaria confinada en un asilo, que les confirma que Melquiades Lafuente utilizaba las fuerzas del mal, y les advierte del peligro que corren si siguen indagando. Al abrir la tumba de Melquiades, descubren un laberinto de túneles bajo las calles del pueblo
Anastasia y Gael recorren kilómetros de túneles hasta llegar a una galería plagada con pestilentes tumbas de mineros y símbolos de Resurrectia.
Otro extraño suicidio, otro cuadro del mismo autor, y otra visita a Eugenio Vilas -el marchante de arte- ponen en peligro las vidas de Anastasia y Gael.
Gracias a la intervención policial Anastasia y Gael salen con vida, y el Sr Vilas es detenido junto a su mayordomo. Pero ¿y Melquiades?