Pelayo ha dedicado su vida a luchar contra el narcotráfico en España. Ahora ha decidido seguir su rastro para entender su origen. Su primera parada es Buenaventura, un puerto clave en Colombia donde grupos armados se disputan las rutas del tráfico de drogas. Allí, junto al ejército, constatará cómo la droga condiciona la vida de la población y que combatirla es un acto de resistencia y esperanza.
Pelayo se adentra en el Pacífico colombiano, donde la inmensidad del océano y las selvas fluviales esconden las rutas letales del narcotráfico. Junto a soldados de élite, es testigo en primera persona de persecuciones en alta mar y patrullas en ríos sembrados de minas, enfrentando un enemigo invisible y mortal. La guerra apenas comienza. El peligro está en cada sombra que acecha.
Pelayo se adentra en el Valle del Cauca, epicentro cocalero de Colombia, donde acompaña al Tercer Ejército en la recuperación de El Plateado, un punto estratégico. La guerra cambia en este lugar: drones y minas marcan el combate, y la línea entre enemigo y víctima se difumina. Allí comprende que esta lucha es interminable y que el mal tiene muchas caras.