Suenan lejos los latidos de los corazones de sus hijos que pelean ahora en la guerra. A nuestros protagonistas sólo les queda esperar y acostumbrarse a las jornadas como si nada hubiera pasado, como si lo poco que les queda fuera suficiente.
"Especial es todo lo que no se repite a menudo y más especial aún es lo que, a lo peor, no se repite ya nunca más".
"No hay cosas muy distintas en ningún lugar, y para eso la gente se viste de colores diferentes y canta canciones distintas, para soñar, por un segundo, que algo distintos son".
Una inmensa esfera de vidrio alberga una ciudad entera: carreteras, trenes, edificios... No hay muros, los rombos de cristal transparentes conforman el enorme hormiguero. Todo es limpio, no hay olores, nadie suda. En la ciudad transparente siempre es de día.
Uno se va haciendo a las nuevos lugares y a las nuevas costumbres con la misma facilidad con la que ardía aquella casa llena de recuerdos. La paz y la tranquilidad se va asentando en los habitantes de la ciudad transparente y los lazos entre ellos se van estrechando.
El orden se ha asentado y lo único que parece entretener a los habitantes de la ciudad transparente es el ping-pong. Los médicos dicen que Julio simplemente no quiere hablar y la comunicación entre ella y él se ha ido disipando.
La normalidad, la tranquilidad desquicia a cualquiera. La felicidad mantiene amansados a los habitantes de la ciudad transparente, nadie es consciente de que hace tiempo dejaron de pensar en las cosas importantes. Simplemente, se dejaron llevar. Su vida se basa en puro conformismo.