Durante la primera década del siglo XXI los clubes tratan de echar a los grupos ultra de las gradas. Y lo consiguen. La sensación generalizada es de tranquilidad, hasta que una mañana de 2014, sin que nadie lo espere, una batalla campal en Madrid Río irrumpe en la actualidad dejando un muerto. Se llama Jimmy. El mundo del fútbol se queda en shock. Es la primera semilla de una nueva generación de radicales que ya no necesita el estadio para descargar su odio. Los viejos ultras están de retirada. El fútbol ha cambiado, y ellos también.