El día en que Antonio Jiménez, el barquero del pueblo de Cantillana, cae enfermo y muere, su hijo Curro se hace cargo del oficio de su padre. Pero en el pueblo hay más interesados en hacerse con el arriendo de la barca y acaban por despojar a Curro y a su madre de su medio de vida. Tras enfrentarse a los que conspiraron para quitarle lo suyo, y abandonando a Luisa, el amor de su vida, Curro huye del pueblo y se asocia con otros fuera de la ley: el Estudiante, el Fraile y el Algarrobo. Desde entonces cabalgarán por la Serranía de Ronda asaltando a ricos hacendados y enfrentándose a las fuerzas de la ley y a las tropas de ocupación francesas.
Un jefe de policía llega a la comarca donde actúa Curro Jiménez. Tiene poderes absolutos para detener al famoso bandolero. La madre de Curro es detenida con intención de detener al famoso bandolero. La madre, enferma de gravedad muere. Tras ser enterrada se pone vigilancia en el cementerio, pues se presume que Curro intentará llevarse a la sierra el cuerpo de su madre, lo cuál consigue tras un golpe de astucia.
Un joven, hijo de un medico, formado en ideas liberales, decide imitar a Curro Jimenez para implantar la justicia, por este motivo secuestra al dueño de una mina que explota cruelmente a los mineros. A petición del médico, Curro Jimenez debe intervenir para dar una leccion a su imitador y a un joven minero que le acompaña en su absurda aventura.
Lord Killarney, delegado del Museo Británico, adquiere en Córdoba, en una subasta, un incunable, un valioso tratado de botánica árabe, pero es asesinado y el libro desaparece. Las sospechas recaen sobre el Lince, un anticuario de turbios antecedentes que había pujado con el inglés para hacerse con el libro. Al ser detenido, le pide a su sobrino que avise a Curro Jiménez, quien descubre que el famoso tratado contiene en realidad los planos de un fantástico tesoro que un califa ha ocultado en la Mezquita de Córdoba y que ha sido, durante siglos, causa de muertes y traiciones. Pero el libro robado sólo contiene la mitad del plano. La otra mitad está, desde hace años en poder del Lince, que se lo compró a un célebre bandolero, al que se ha dado por muerto desde hace treinta años.